Revista El Economista marzo-abril 2026

LAS CLAVES DEL CONFLICTO El impacto no es solo económico, el gran peligro son las reservas de uranio enriquecido, señalan analistas. •Irán no necesitó minar la vía navegable: sus ataques contra varios barcos llevaron a las empresas a dejar de enviar sus buques por el estrecho. EL ECONOMISTA/ARCHIVO 46 • El Economista www.eleconomista.net Marzo - Abril 2026 P OR : AGENCIAS/AP • CENTROAMÉRICA La guerra contra Irán, con toda su complejidad y sus efectos globales, se reduce a una sola pregunta: ¿quién puede aguantar el dolor durante más tiempo? Un repunte de los precios del petróleo apunta a lo que podría ser el arma más eficaz de Irán y la mayor vulnerabilidad de Estados Unidos para continuar la campaña: dañar la economía mundial. Un fuerte aumento de los precios de la gasolina ha sacudido ya los consumidores y a los mercados financieros, y los viajes internacionales y el transporte marítimo se han visto gravemente alterados. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece consciente del peligro. Del otro lado, Irán tiene que soportar un flujo casi constante de ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra los que no puede defenderse. Hasta ahora, la República Islámica ha logrado mantener cohesionados y al mando de la situación a su liderazgo y a sus fuerzas armadas. La población iraní, que ya se levantó contra su teocracia en protestas nacionales en enero, sigue hirviendo de ira, pero se ha quedado en casa mientras intenta sobrevivir. Las fuerzas de seguridad han estado en las calles todos los días para garantizar que no se formen manifestaciones antigubernamentales. La presión también recae sobre los aliados de Estados Unidos. Los estados árabes del Golfo, aunque todavía no son combatientes en la guerra, enfrentan un fuego iraní aparentemente interminable y en ocasiones mortal, dirigido contra campos petroleros, ciudades e infraestructuras críticas de agua. E Israel, aunque presume de haber infligido un gran daño al programa de misiles de Irán y a otros objetivos militares, sigue siendo blanco de misiles iraníes cada vez más sofisticados. Las frecuentes sirenas de ataque aéreo han alterado la vida cotidiana, cerrado escuelas y lugares de trabajo y creado un ambiente tenso en toda la región. No se ven salidas a los combates, ni hay un final inmediato de la guerra a la vista, ni tampoco en la retórica que llega tanto desde Estados Unidos como desde Irán, cuya enemistad se remonta décadas atrás, a la Revolución Islámica de 1979 y la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense. La estrategia iraní sigue siendo el caos Durante años, antes de que Israel y Estados Unidos iniciaran la guerra el 28 de febrero, Irán advirtió que, si era atacado, tomaría represalias en todo Oriente Medio, apuntando a la infraestructura petrolera que hizo fabulosamente ricos a sus vecinos árabes del Golfo. En contraste, la economía de Teherán ha quedado paralizada por las sanciones internacionales. Ahora Irán ha respaldado su amenaza con andanadas de misiles y drones. Qatar se vio obligado a detener su producción de gas natural, y Bahrein declaró que sus operaciones petroleras no podían cumplir sus obligaciones contractuales. Otros productores, se han visto afectados, lo que interrumpe una fuente clave de energía para Asia, en particular para China. El transporte marítimo, en términos generales, se ha detenido en el estratégico estrecho de Ormuz, la angosta boca del golfo Pérsico por la que pasa el 20% de todo el petróleo y gas natural que se comercia, y hasta el 30% de las exportaciones mundiales de fertilizantes. Irán no necesitó minar la vía navegable: sus ataques contra varios barcos llevaron a las empresas a dejar de enviar sus buques a través del estrecho. Trump ha sido vago y contradictorio sobre sus objetivos en la guerra. A veces parece impulsar el derrocamiento de la teocracia iraní. Otras parece dispuesto a no llegar tan lejos, al decir de forma general que quiere asegurarse de que Irán ya no sea una amenaza para Israel, la región y Estados Unidos. Eso podría darle flexibilidad para declarar que se ha logrado la victoria, especialmente si empieza a notarse un daño real en la economía de EUA. Pero si la guerra se detuviera ahora mismo, tanto EUA como Israel se quedarían con grandes desafíos. Uno es el liderazgo de Irán. Después de que un ataque aéreo israelí matara al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, al inicio de la guerra, clérigos iraníes nombraron para el cargo a su hijo Mojtaba, elevándolo al rango de ayatolá. Ahora como máximo gobernante de Irán, el Jamenei más joven ha sido visto durante mucho tiempo por analistas como aún más intransigente que su padre, con estrechos vínculos con la Guardia Revolucionaria, de carácter paramilitar. Israel ya lo describió como un objetivo en su campaña, mientras que Trump ha dicho que quería a otra persona en el puesto. Además, Irán aún conserva su reserva de uranio altamente enriquecido, una de las razones de la guerra que tanto Israel como Estados Unidos han señalado. Irán había estado enriqueciendo hasta una pureza del 60%, un paso técnico corto de los niveles del 90% aptos para armas. EUA bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes en junio, probablemente enterrando gran parte de la reserva entre los escombros. Esos sitios, hasta hoy, siguen fuera del alcance. Mojtaba Jamenei podría emitir una fatua, que revierta las declaraciones anteriores de su padre y ordene que se use para fabricar un arma. Eso es algo que ni EUA ni Israel —considerado desde hace tiempo como el único estado de Oriente Medio con armas nucleares— quieren ver. • M AC RO CONFLICTO INTERNACIONAL

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