Revista El Economista marzo-abril 2026

Opinión 4 • El Economista www.eleconomista.net Marzo - Abril 2026 EL ECONOMISTA José Roberto Dutriz CHAIRMAN & GROUP PUBLISHER GERENTE DE REDACCIÓN Christian Villalta [email protected] JEFA DE REDACCIÓN ECONÓMICA Irma Cantizzano-Chang [email protected] EDITORA Karen Molina kmolina@ eleconomista.net EDITORA Rosa María Pastrán [email protected] EQUIPO EDITORIAL Karla Alfaro, Enrique Canahuí EQUIPO WEB Ronald Erazo, Luis Duarte, Mariela Palma, Flor Ayala, Ana Beatriz Calderón y Margarita Funes . EQUIPO REDES Blanca Abarca, Leslie Hernández,Melissa Países, Cristina López, Gabriela Mendoza y Rocío Juarez DI SE Ñ O Jaime Montano DISEÑO DE PORTADA Jaime Montano INFOGRAFÍA Agustín Palacios EDITOR DE FOTOGRAFÍA Alberto Morales FOTOGRAFÍA DE PORTADA Francisco Rubio TELÉFONO REDACCIÓN EL ECONOMISTA: (503) 2241-2677 MARKETING SERVICES GERENTE COMERCIAL Margarita Geoffroy [email protected] Tel.: (503) 2241-2920 JEFA REGIONAL DE REVISTAS Jenny Rivera /[email protected] Tel.: (503) 2241-2930 JEFE PAÍS GUATEMALA: Alan Soto / [email protected] Tel.: (502) 5000-7694 REPRESENTANTES DE VENTAS COSTA RICA Y PANAMÁ Alan Soto / [email protected] Tel.: (502) 5000-7694 REPRESENTANTE DE VENTAS HONDURAS Y NICARAGUA Jenny Rivera / [email protected] Tel.: (503) 70696436 DIRECCIÓN DE DISTRIBUCIÓN Luis Deramond Tel.: (503) 2241-2511 Y 2241-2515 SUSCRIPCIONES EN C. A. ANUAL $60 / DOS AÑOS $96 / Tel.: (503) 2241-2355 EL ECONOMISTA CENTROAMÉRICA Circula entre las empresas regionales más importantes y pisos ejecutivos de las principales cadenas de hoteles de la región. EL ECONOMISTA REGIONAL WWW.ELECONOMISTA.NET Es una publicación del Grupo LPG (503) 2241-2600 Es una marca registrada, prohibida su reproducción parcial o total sin autorización. IA, empleo y la decisión de construir un futuro mejor Para hablar de desarrollo, el progreso debe sentirse en la vida cotidiana de las personas. Y eso ocurre cuando se crean más y mejores empleos: trabajos formales, productivos, mejor remunerados y con posibilidades de crecimiento. Una economía donde la gente teme perder su sustento difícilmente será percibida como una que avanza. Por eso, el debate sobre la inteligencia artificial (IA) no puede limitarse a preguntar cuántos puestos de trabajo podrían desaparecer. La pregunta más importante es otra: ¿qué tipo de economía queremos construir con esta tecnología? Es comprensible que existan temores. Cada semana aparecen noticias sobre sistemas IA más capaces, y no falta quien concluya que pronto dejará de tener sentido invertir en educación, formación o experiencia. Pero esa visión es prematura; Jed Kolko, de Brookings, sostiene que la investigación sobre IA y mercado laboral todavía está en sus inicios: los hallazgos iniciales no son concluyentes, los datos son limitados y apenas estamos empezando a entender todos los canales por los cuales la IA afectará el trabajo. Una contribución útil para ordenar este debate es el nuevo trabajo de Daron Acemoglu, David Autor y Simon Johnson, publicado por NBER en 2026. Su argumento central es que la IA no tiene un destino único. Puede automatizar tareas y reducir el valor de ciertos trabajos, pero también puede ampliar las capacidades humanas, elevar el valor del conocimiento especializado y crear nuevas actividades. Los autores llaman “IA pro-trabajador” a aquella que hace más valiosas las habilidades humanas al expandir lo que las personas pueden hacer. Esa diferencia es crucial. No toda innovación favorece automáticamente al trabajador. Cuando la tecnología se orienta solo a sustituir, surgen ganadores y perdedores, crece la ansiedad y puede aumentar la desigualdad. Pero cuando se diseña para complementar el juicio humano, mejorar decisiones y crear nuevos trabajos, la historia puede ser muy distinta. Ya existen ejemplos alentadores: asistentes de IA para electricistas, apoyo a examinadores de patentes, herramientas para fortalecer la labor docente y soluciones que ayudan a trabajadores menos experimentados a realizar tareas más complejas. La lógica detrás de estos casos no es reemplazar a la persona, sino volverla más productiva, más capaz y más valiosa. Para El Salvador, esta discusión es especialmente importante. Nuestro objetivo no debe ser resistir la tecnología, sino orientarla hacia una economía que premie el aprendizaje, la experiencia y la capacidad de resolver problemas. Eso exige invertir más —no menos— en educación, habilidades digitales, formación técnica y talento humano. También exige que empresas, universidades y sector público trabajen juntos para adoptar una IA que complemente al trabajador, en lugar de desplazarlo. La IA puede ser una herramienta para que más salvadoreños accedan a mejores oportunidades. El desenlace no está escrito. Depende, en buena medida, de una decisión colectiva: usar la tecnología para sustituir personas, o para potenciar su talento y ampliar sus posibilidades. En esa elección se juega una parte importante de nuestro futuro. • FUSADES http://fusades.org

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgyMTE=