Revista El Economista - Marzo 2020

operaciones en junio pasado del Banco Corporativo S. A. (Bancorp), acusado de cometer lavado de dinero. Este banco fue creado en 2014 como una subsidiaria de ALBA de Nicaragua S. A. y manejaba una car- tera de créditos de $60.8 millones, $176.7 millones en depósitos, $196.5 millones en activos y un patrimonio de $21.2 millones. Se estima que la disolución de esta entidad redujo 8.9 % las reservas internacionales brutas que administra el Banco Central de ese país. Además, la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), estima que la tasa de de- sempleo abierto aumentaría de 7 % en 2019 a un 7.3 % en 2020. Lo anterior implica que podría haber 10,000 nuevos desempleados, con lo que el saldo de desempleados sería de 237,000 personas. Los depósitos (en dólares) mues- tran una caída de 7.9 %, puesto que en 2018 sumaban $3,941 millones y el año pasado bajaron a $3,629 millones y dicha condición ha repercutido en la cartera en riesgo que se muestra su- perior al compararla con sus pares. Sin embargo, esta reducción en los ahorros de los nicaragüenses es me- nos severa a la de 2018 cuando ca- yeron 24.5 % versus 2017. A juicio de Rolando Martínez, di- rector senior de instituciones finan- cieras centroamericanas de Fitch Ra- tings, los depósitos venían cayendo en 2018, pero en el segundo semestre del año pasado se estabilizaron y se ve “una leve tendencia” hacia la recu- peración; sin embargo, esta todavía está lejos de igualar a como estaban previamente a la crisis y totalizaban $5,219 millones. “Si los depósitos empiezan a crecer, es un indicio de estabilidad y que even- tualmente los créditos pueden empezar a seguir ese rumbo también. Los bancos han acumulado bastante liquidez y para este año no se espera que cambien de estrategia”, expresa Martínez. Resistencia Pese a este panorama tan complicado, Gary Barquero, gerente general de SC Riesgo, considera que la plaza bancaria comercial “continuará resistiendo” el deterioro de sus activos crediticios. Algunas de las estrategias comunes que implementaron los bancos para adaptarse a la crisis fue que todos achicaron sus balances, fortalecieron sus estándares de colocación y me- canismos de cobros y protegieron la liquidez y capital. “Todos los países cuentan con ade- cuados indicadores de liquidez, re- saltando el fortalecimiento de ese rubro en Nicaragua, producto del apoyo estatal”, dice Jasaui. No obstante, Barquero advierte que una prolongación del entorno retador puede incidir en “un de- bilitamiento más acelerado” de sus indicadores. De hecho se espera que los bancos de Nicaragua podrían en- frentar mayores dificultades pa- ra obtener financiamiento en los mercados internacionales debi- do al castigo de sus calificaciones de riesgo. Y mientras unos cierran, nue- vos actores entran a la escena. Inversiones Atlántida (INVA- TLAN), corporación hondureña que aglomera empresas en di- versos rubros, recibió autoriza- ción para abrir operaciones con Banco Atlántida en Managua, a principios de noviembre. “Los depósitos venían cayendo en 2018, en el segundo semestre del año pasado se estabilizarony se ve una leve tendencia de la recuperación, aunque todavía está enunpunto lejanode como estaba previa a la crisis. Si los depósitos empiezan a crecer, es un indiciode estabilidady que eventualmente los créditos pueden empezar a seguir ese rumbo también”. ROLANDOMARTÍNEZ, director senior de instituciones financieras centroamericanas de FitchRatings. $3,941 millones totalizaron losdepósitos bancariosel añopasado, locual representaunadisminuciónde7.9% comparadoa2018. 52 • El Economista www.eleconomista.net Marzo - Abril 2020

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